Al hilo de del artículo del 27 de noviembre de 2,011 sobre el posible (y más que creíble) complot para perjudicar a Dominique Strauss-Kahn, es interesante comprobar como aún se mantiene la nota que se añadió al artículo publicado por Joseph Stiglitz el mismo día de la detención y que aún aparece si se busca en la hemeroteca: “Este artículo fue escrito antes de conocerse la detención de Dominique Strauss-Kahn”, nota que creo debería mantenerse como recordatorio de la infamia que supone quelos prejuicios de “género” pueden perjudicar el tratamiento informativo de una situación confusa.
El artículo de Stiglitz daba pistas de las razones que harían creíble un montaje para descabalgar a Strauss-Kahn de su puesto del FMI. Parecía estar embarcado en una serie de reformas del organismo que podían no gustar a muchos. Y ¿qué hace el País ante esta posibilidad? Incluir una nota de disculpa: hemos publicado un artículo de un premio Nobel en el que se hace una semblanza imparcial de alguien a quien han acusado de violación y en lugar de usar el artículo como base para investigar la situación, ya que es una supuesta violación y no ha habido ni una sola mujer en la historia de la humanidad que haya denunciado en falso un abuso sexual, debemos incluir una nota de disculpa por algo que puede mostrar una cara positiva del “monstruo” al que ya hemos condenado.

El espectáculo continúa en los días siguientes, con una semblanza en la que se recogen los lamentos por no haber investigado y publicado rumores (porque no eran más que rumores y veladas acusaciones que luego no se han probado) sobre la vida sexual del detenido y cómo su carrera debió verse afectada por las habladurías. Creo que es digno de considerar la respuesta que habría tenido un artículo cuestionando la virtud y costumbres sexuales de una candidata política y sugiriendo que no era adecuada para el puesto por su ligereza de cascos…… En la semblanza sólo se prueba que Strauss-Kahn era mujeriego e insistente, lo cual no le invalida para ningún puesto político.

La intervención que más vergüenza debería causar al periódico y a la articulista es la de Soledad Gallego Díaz que en su artículo “Bien por Nueva York” hace un Toni Cantó de libro.

Por dos razones:

1) da por probada la violación sin más y muestra su inmensa alegría por la detención, cuando la situación es muy dudosa y

2) no hacía mucho se había producido un caso similar: la detención de Julian Assange. Pero la señora Gallego Díaz no publicó un artículo titulado “Bien por Londres” entonces, se mantuvo en el más absoluto silencio, pese a que sí había escrito largo y tendido sobre los papeles de Wikileaks. A ver si las violaciones son más o menos reprobables en función de los prejuicios del articulista:

– un representante del malvado capital, a pesar de estar actuando para cambiar las reglas del juego como nos contó Stiglitz no puede ser otra cosa que un opresor no sólo de la clase trabajadora sino también de las mujeres

– mientras que un moderno Robin Hood que trabaja por la trasparencia (y además, qué casualidad, ofreciendo los papeles a nuestro periódico) no puede ser un asqueroso violador. Qué conste las acusaciones contra Assange me parecen tan sospechosas de ser un montaje como la de Strauss-Kahn, sólo quiero resaltar el distinto rasero aplicado en cada caso.

Por último, un artículo de Javier Marías señala las inconsistencias de las dos versiones, la de Strauss-Kahn y la de la camarera. Las cartas que se publican al respecto se centran sólo en las dudas expresadas sobre la versión de la camarera. En todas se puede leer la palabra “indignada” o similar. A lo mejor hay que dejar de indignarse automáticamente y pensar un poco. El mejor artículo al respecto, en mi opinión, el de un hombre, Vargas Llosa, contando como se conoce en Perú lo que pudo pasar: “tirarse a la chola“.

Para no extenderme, dos ejemplos de tratamientos realmente discutibles, uno de ellos digno del “Curso de ética periodística” que ofrecía cada semana “Caiga quien caiga”, de situaciones similares.

La primera la de la supuesta violación de una modelo por un príncipe saudí. La situación es confusa y las pruebas aportadas para demostrar una relación forzada son escasas, por no hablar de que hubiera sido el principe la persona que lo hizo. El País ha dado pábulo a una historia cogida con alfileres y le ha dedicado un acento en el que se lee “Alwaleed se declara inocente y ha asegurado en un comunicado que ni siquiera estaba en Ibiza en agosto de 2008. En tal caso, no debería tener problema en testificar. De lo contrario, su yate tendrá que buscar en próximos veranos otros puertos menos comprometedores.”. A ver si me explico: no había leído algo tan discutible desde los famosos editoriales de José María Carrascal que se resumían en “Si no han hecho nada, no tendrán problema en que se viole su derecho a la intimidad”. Es fascismo puro y duro, pero se publica en el país porque una mujer acusa a un hombre de violación. Es una desgracia y debería hacer pensar a mucha gente.
La segunda, una concejal de Sierra de Yeguas acusa al alcalde de violación. Lo único demostrado es que había una relación sentimental entre ellos. Si se busca en la hemeroteca del País salen no menos de treinta noticias, incluyendo alguna en la edición andaluza sobre “el calvario de Pepi”. ¿Cuantas aparecen contando el calvario de Pepe, acusado falsamente de violación? Porque no olvidemos que la denuncia fue archivada.

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